Este libro no pretende ser poesía perfecta ni obedecer reglas clásicas.
Es un desangramiento del alma, un conjunto de 20 versos viscerales
nacidos entre insomnio, heridas y confesiones.
Aquí no hay rimas complacientes ni finales felices.
Hay crudeza, hay penumbra, hay cicatrices que hablan más fuerte que la voz.
Es un antipoemario porque se niega a ser domesticado,
porque cada poema es un grito, un desvelo, una herida abierta.